Momento 1. El agua en la Antigüedad: los pueblos prerromanos y romanos

En este primer momento conocerás cómo los pueblos prerromanos y, más tarde, los romanos aprovecharon y gestionaron el agua en la península ibérica. Descubrirás el valor simbólico y religioso que el agua tuvo para íberos y celtas, y cómo Roma revolucionó el paisaje con acueductos, termas, fuentes públicas y sistemas de alcantarillado.

El agua como recurso y como símbolo

  • Pueblos prerromanos: usaban pozos, cisternas y canalizaciones simples. El agua era también sagrada: se hacían ofrendas en ríos y manantiales.
  • Los romanos: construyeron acueductos, cloacas y termas. El agua era un símbolo de poder y civilización.
    Legado técnico: los tratados como el De Architectura de Vitruvio explicaban cómo captar, conducir y distribuir el agua.

Desde la prehistoria, el control del agua ha sido un factor clave para el asentamiento y la supervivencia de las comunidades humanas. En el caso de la Península Ibérica, los pueblos prerromanos —íberos, celtas, tartesios, celtíberos y otros— habitaron un territorio marcado por la irregularidad de las precipitaciones y una gran diversidad orográfica. Estos pueblos desarrollaron estrategias básicas pero eficaces para garantizar el acceso al agua, tanto desde un punto de vista práctico como simbólico.

El agua no era solo un bien necesario para la agricultura o el consumo, sino también un elemento espiritual, asociado a lo sagrado. Existen evidencias arqueológicas de la consideración ritual de ríos, fuentes y manantiales, en los que se realizaban ofrendas votivas, especialmente en contextos íberos y celtas. El río se entendía como una frontera simbólica, un lugar de tránsito o de contacto con lo divino, como muestra la deposición de armas y objetos de valor en sus aguas.

A nivel técnico, estos pueblos utilizaban pozos excavados, cisternas y canalizaciones simples para recoger el agua de lluvia o captar aguas subterráneas. En zonas del Levante y del sur peninsular, donde el clima era más seco, aparecen estructuras más complejas asociadas a prácticas agrícolas, como terrazas de cultivo y zanjas de riego rudimentarias.

La llegada de Roma en el siglo III a. C. transformó radicalmente el panorama. La civilización romana no solo conquistó militarmente Hispania, sino que la integró en su modelo de civilización urbana, cuyo eje era la planificación del territorio y el control técnico de los recursos, especialmente del agua. A lo largo de los siglos I a.C. al IV d.C., se desarrolló una red de infraestructuras hidráulicas de gran complejidad, muchas de las cuales aún perduran.

Los acueductos fueron uno de los elementos más representativos de esta transformación. Estas construcciones permitían transportar el agua desde manantiales o captaciones alejadas hasta las ciudades, garantizando un suministro constante y estable. Los ingenieros romanos salvaron grandes desniveles mediante arquerías, y usaron técnicas como sifones invertidos, conductos de plomo o piedra, depósitos de decantación y sistemas de reparto jerarquizado (castellum aquae). La calidad técnica de estas obras es tal que muchas se mantuvieron en funcionamiento durante siglos.

Acueducto

Entre los ejemplos más emblemáticos se encuentran el acueducto de Segovia, construido probablemente en el siglo I d.C., con una longitud de casi 15 km, y el de Tarraco (Les Ferreres) o el de Emérita Augusta (Mérida), ambos asociados a importantes núcleos urbanos. Pero además de estos grandes monumentos, existieron decenas de sistemas menores en zonas rurales, villas o núcleos de segundo orden.

Segovia. Vista general del acueducto romano.

Vista del Aqueducto principal en MERIDA

Acueducto de Tarragona

El agua conducida por estos acueductos alimentaba distintas instalaciones urbanas:

  • Termas: complejos públicos de baños que incluían salas calientes y frías, y que cumplían funciones higiénicas, sociales y políticas.
  • Fuentes públicas: elementos centrales en la vida urbana cotidiana, donde se accedía al agua de forma regulada.
  • Domus privadas: las viviendas de las élites podían contar con agua corriente, canalizaciones internas y jardines irrigados.
  • Cloacas y alcantarillado: en muchas ciudades se desarrollaron redes subterráneas para evacuar las aguas residuales, lo que contribuyó a la salubridad urbana.

A nivel cultural, la presencia del agua en la ciudad romana era también un símbolo de civilización y poder estatal. Controlar el agua era una muestra de dominio sobre el medio, y de la capacidad técnica y administrativa del imperio. El urbanismo romano integró el agua como eje de organización: no era un añadido, sino un elemento central desde el diseño original de la ciudad.

El conocimiento técnico que permitió estas construcciones está recogido en obras como De Architectura de Vitruvio, escrito en el siglo I a. C. Este tratado —difundido en siglos posteriores en forma de manuscritos e impresos— explica con detalle cómo localizar fuentes, calcular pendientes, construir canales o diseñar máquinas hidráulicas como norias, tornillos de Arquímedes o molinos de agua.

En Hispania, este saber técnico fue aplicado de manera sistemática, con adaptaciones al terreno y al clima local. Además de las obras materiales, Roma introdujo también una legislación sobre el uso del agua, el derecho a su acceso y su protección frente a usos abusivos. Esta visión integral —técnica, jurídica y simbólica— se convirtió en uno de los legados más duraderos del mundo romano en la Península. 

Gracias a los recursos digitalizados de la Biblioteca Nacional de España, hoy es posible reconstruir y estudiar esta historia no solo a través de textos, sino también mediante grabados, planos topográficos y tratados técnicos. Obras como el Plano topográfico de Mérida que contiene todos los monumentos fenicios, romanos y árabes (1867) permiten observar la disposición del espacio urbano romano y la integración de las infraestructuras hidráulicas en la ciudad. Del mismo modo, las obras sobre el Acueducto de Segovia, o las imágenes de otros acueductos como el de Tarragona o el de Teruel , ofrecen una mirada visual sobre la monumentalidad y la técnica de estas construcciones, siglos después de su construcción.

Acueducto de Teruel

Entre los documentos más valiosos para comprender la pervivencia del legado hidráulico romano se encuentra el Libro donde se notan las operaciones... al reconocimiento, descubrimiento y proyecto de reedificar el acueducto de los romanos que se dirigía desde Tempul a Cádiz (1784), que recoge un proyecto de recuperación de una infraestructura romana varios siglos después, demostrando tanto la vigencia de su diseño como su importancia estratégica.

Por otro lado, la edición de 1582 del tratado de Vitruvio De Architectura, dividido en diez libros, contiene una detallada explicación del sistema hidráulico romano, especialmente en su Libro VIII, dedicado al agua: localización de manantiales, conducción de caudales, construcción de pozos y cisternas, y uso de máquinas hidráulicas. Esta obra no solo permite acceder al conocimiento técnico de la época, sino también analizar cómo ese saber fue recuperado y transmitido en el Renacimiento y la Edad Moderna.

Recursos para comenzar

Caños de Carmona

entre 1850 y 1852

Cuestiones celtibéricas: religión

1877

El acueducto y otras antigüedades de Segovia

1861

Libro donde se notan las operaciones... el acueducto de los romanos …

1784

De architectura, diuidido en diez libros

Libro octavo de las aguas

1582

Acueducto de Segovia

1847

Acueducto de Tarragona

1867

Acueducto de Teruel

1867

Plano topográfico de Mérida: que contiene todos los monumentos fenicios, romanos y arabes

1867

Ancient Spain & Portugal, Hispania or Hiberia

entre 1800 y 1899?

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